sin llamarte…

Foto de Spiritual Market Place

Sin llamarte, o si quiera invocarte con la sonrisa de quien recuerda con el corazón, apareces junto a mí, atrayendo mi curiosidad y deferencia. A tu alrededor se empieza a desarmar el paisaje, y de los girasoles apenas quedan un par de pistilos. Cierta frescura empieza a inundar el cuarto y tus labios parecen ser los responsables. Todas las palabras de mis personajes son mudas porque en realidad son tus palabras. Mi silencio se desmultiplica, despegándose de cada esquina, de cada suspiro emanado sobre algún recorte. No sólo mis manos, mi cuerpo entero se siente innecesario en la habitación. No obstante, la tranquilidad con la que te quitas las sandalias y te sientas junto a la ventana, me distingue de un estorbo. Tu atención a la ventana, mi indiferencia. Me devuelves la confianza de tomar mis lápices, empezar un dibujo: una hoja de papel similar a un espejo en el cual se acaba de estrellar un arco iris. Pinto con fervor, como si dejara un poco de cada dedo en el dibujo. Acabo de recordar la primera vez que tuve un crayón entre mis dientes. Mamá me mandó a lavar la boca mientras me reía de su resolución: estaba seguro de que un borrador tendría mejor suerte que el cepillo.

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