Realidades, siempre realidades

Es cierto que todos vivimos en el mismo planeta, pero eso no significa que todos vivimos una sola realidad.

De hecho, según un documental que no recuerdo, se dice que la Realidad no es más que una simple serie de percepciones que llegan a nuestro cerebro. Creo que fue en este documental: What the bleep do we know? En fin, uno de los ‘errores’ más comunes al momento de empezar un cuento es buscar una fidelidad a algo que no existe. No hay que ponerse existencial para saber que la realidad no es una sola. Basta salir a la calle y poner atención en la realidad de cada elemento: un mendigo, un pájaro, un panadero, un policía, un ladrón… todos distintos envases de vida humana, una de varias realidades de vida.

Tratar de escribir un cuento ‘real’ es ponerse el pie a sí mismo. El solo hecho de querer escribir una historia ya es bastante, no se diga el sentarse y escribirla. Es un instante de inspiración y no hay que desperdiciarlo poniéndole freno. Al contrario, hay que llevar ese gusto, ese deseo de escribir hasta el final de la historia. Después se lee, se analiza el resultado, y se edita… si quiere.

Dicen que un texto no existe si no es leído. Es parcialmente cierto. Si se escribe para sí mismo, ¿qué necesidad hay de otro lector? Por el contrario, tener varios textos y no enseñarlos… es algo que se presta a múltiples interpretaciones. En el mejor de los casos, por ahí puede andar el próximo Kafka, ocultando sus textos, escondiéndose del público. Yo creo que a la larga, la autoescritura puede resultar contraproducente, podría causar indigestión de ego.

Ahora, a retomar las realidades. No hay que confundirla con perspectiva, el cual apenas es un punto de vista. Un excelente ejemplo literario que cruza realidades y perspectiva es La bella y la bestia de Clarice Lispector. (No encontré un enlace en español, pero si saben portugués, el cuento original está aquí). La realidad tiene más relación con el contexto. Hay cosas que se dan por sentado, y lo que parecía una gran idea al principio puede terminar defraudando al autor. No hay que desanimarse 🙂 Hay que dotar de personalidad a esos elementos que se dieron por sentado.

Es natural poner esos elementos sin considerar su importancia. La razón de ubicarlos es los estereotipos con los cuales transitamos por la vida, ya sea consciente o inconscientemente. (¿Creen que su consciencia domina su cuerpo? Miren este documental sobre el inconsciente y se sorprenderá: Cerebro Inconsciente). ¿Cómo dotar de personalidad a esos elementos que disminuyeron el interés de la historia? Sencillo: hay que darles una razón de ser, es decir, que contribuyan algo al personaje, a la acción principal, o al lugar.

Realidades, siempre realidades. No dejes que nadie minimice tu cuento, al contrario, nútrelo más, ¡aprópiate más de tu historia!

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