A lo bonzo

Hace mucho que dejó de ser creíble. Se escurría entre los abrazos, y los besos nunca traspasaban su carne. Vivió muchas soledades antes de venir al parque. Rió y lloró lo suficiente; acaso, un poco más de lo necesario. Por eso ahora acude a su muerte con una tranquilidad divina. Irradia una paz abrumadora, trémula. Una que otra mujer se ha quedado observándolo en la calle, nada más. Camina como si sus pies descalzos lo conectasen con la tierra. A su paso, el mundo parece detenerse. Se ve tan inofensivo, que los guardias del parque lo dejan entrar sin problema. Es más, lo saludan y le dicen que se cuide. Las interacciones que siguen son esporádicas, llenas de formalidad. Está tan absorto en su pensamiento, que se cree envuelto en una maravillosa soledad circunstancial. (En realidad, los autos y las personas han pasado desapercibidos, solo eso). No hay nada místico en su muerte. Es más, apartando la barrera de la distancia, ni si quiera su suicidio transcurrirá en solitario, sino acompañado de esos extraños que completan las estadísticas. ¿Otros? Sí, él también es un extraño para ti. Pero… Pero nada, así que olvida tus ganas de salvarlo porque no vale la pena. Bueno, no es que no me importe, pero seguramente hay otros muchísimo más preocupados por él que yo; ¿dónde están?, ¿por qué no están ayudándolo? Él será un suicida, pero eso no significa que no tenga corazón. Dejó una nota… Aún así creo que no debe morir. Es más, dime dónde está para ir… Ya es tarde. Puede que estés cerca, pero ya es tarde. ¡Mira!, ¡ya está empapado en gasolina!, y ahora enciende la cerilla. ¡No! ¡Oye!, ¡amigo!, ¡no arrojes la cerilla, podrías causar un incendio! Te dije que era tarde, que no podías hacer nada. ¡Yo quiero vivir! Creo que es un poco tarde para eso. ¡No! Podrías causar un incendio forestal, ¿quieres vivir con eso en tu conciencia? No, pero… ¿Ves?, por eso yo tomo las decisiones aquí, ¡eh!, ¡¿qué haces?!, ¡deja de gritar!, ¡esta boca es mía!, ¿qué!, ¡yo no quiero eso en mi boca!, ¡retíralo!, ¡no puedo respirar…!

– ¿Algún problema señor?.

Sí, he regado unas cerillas y temo que a futuro puedan causar un incendio forestal.

– No se preocupe: un par de baldes de agua y no habrá peligro.

Y una cosa más.

– ¿Sí?

– (encendiendo la cerilla) ¿Algún día imaginó que sus cenizas terminarían en un parque?

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