Nieve

De repente las ganas de ser nieve. Imaginar que un copo se desprende de cada poro, y deshacerse en millones de cristales. No es muy remoto que esto pase; tampoco sabemos cuántas personas ya se han deshecho en nieve, ni cuántas lo están haciendo en este momento. Igual ignoramos cuántas personas han entrado por nuestra nariz, ni cuantas hemos repisado. Me gusta imaginarme desnudo por la calle, esperando hasta transforma en nieve. Esos pensamientos sólo aparecen tras la ventana, pues me altera la idea de desnudarme sin otro resultado que una pulmonía. Con este fin, he dejado prenda tras prenda en el camino. No siento sudor, sino el derretirme antes de tiempo.

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