Ni bien ni mal

Ni bien ni mal: soportable. No sé si fue la frecuencia de nuestros encuentros, o a causa de los mismos que cada vez me desagradaste menos. Que me hayas disgustado al principio, no fue tu culpa. La humedad, en general, me resulta perturbadora: tengo suficiente con los inevitables charcos a mi alrededor. No fue tu culpa salpicarme… al menos las primeras veces. Si no me la pasara durmiendo, hubiera sospechado de ti con anticipación. Nunca había despertado con tanta puntualidad. Recuerdo… no sé si un recuerdo de verdad o un sueño, un reloj despertador resistiéndose a ser apagado. Después, yo estaba despierto y esperaba algo. Cuando llegaste, primero oí tus tacos, resonando desde la entrada del túnel. Apenas veía tu silueta. Poco a poco tus pies se hicieron más brillantes, y finalmente tuve tus rodillas frente a mí. Siempre me salpicabas en tu camino hacia algún lado. Tras tus apariciones, poco a poco empecé a fijarme en la entrada del túnel, imaginando cómo sería salir de aquí. ¿Hace cuanto que no salgo?, pensé. Y permanecí sentado, recordando, imaginando… no, tratando de recordar el mundo que había dejado, imaginando el nuevo mundo del que habías salido.

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